La salud… ¿Tiene género?
Si, no, no, si, no, no, si… que si, que no… ¿¿Género y salud??… ¡veamos!
La cuestión sobre la equidad de género en salud es un tema que se está incorporando de manera progresiva a los estudios sanitarios. En nuestro territorio, cada vez más las Comunidades Autónomas y centros educativos incorporan de manera específica y/o transversal, contenidos en materia de igualdad de género como parte fundamental en la formación de futuras y futuros profesionales en el ámbito de la salud. Se reconoce a este colectivo como un agente clave en la detección de la desigualdad de género, así como en materia de educación e información sanitaria en la promoción de la igualdad.
Es necesario incorporar a nuestro papel como agentes sociosanitarios/as la perspectiva de género como un elemento clave para mejorar los indicadores de salud en nuestra población, así como para conocer y comprender mejor la realidad a la que se enfrentan las mujeres en todo el mundo.
Por ejemplo, ¿crees que una adolescente sin acceso a educación tiene las mismas probabilidades de tener un embarazo temprano y no deseado que una adolescente con acceso pleno a educación afectivo sexual?
Te invitamos, a modo de ejercicio, a buscar y contrastar datos constitutivos de las brechas de género como, por ejemplo, relativos a población escolarizada desagregada por sexo, el desempeño de puestos directivos o de responsabilidad, o personas que sufren de desnutrición o malnutrición, y es esencial tener esta perspectiva en cuenta cuando hablamos de Derechos sexuales y reproductivos.
La inequidad de género debe ser considerada como determinante social de la salud para poder establecer medidas para corregir las desigualdades en salud.
La comisión para los Determinantes sociales de la salud de la OMS definió los determinantes sociales como:
“Las condiciones de vida que son moldeadas por los factores sociopolíticos que contribuyen a la salud de las personas y la población en general”.
Cuando hacemos referencia al género como determinante social de la salud, nos referimos a que las inequidades de género y salud tienen en sus raíces las relaciones desiguales de poder por razón de género a través de normas y valores, se incorporan por medio de la socialización y se manifiestan en el grado en que las leyes promueven la inequidad de género (OMS, 2009).
Destacamos por ejemplo que, en España, un 21,8 % de las mujeres está diagnosticada con un cuadro de ansiedad o depresión por diversas causas, frente a 11,9% de los hombres. O que, según la encuesta de Violencia contra la Mujer realizada en 2015 por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el 12,5% de las mujeres mayores de 16 años ha sufrido algún tipo de violencia por motivos de género.
Considerando el género como uno de los determinantes sociales de la salud de mayor prevalencia, es esencial incorporar este enfoque cuando trabajamos o nos acercamos a procesos de salud comunitaria, siendo necesario analizar los activos para la salud identificados, desde una perspectiva de género que nos permita comprender su impacto positivo sobre la vida de las mujeres y su contribución a la mejora de su calidad de vida.
Por todo ello, durante la formación y la realización de los mapeos, hemos querido abordar la identificación de activos desde un análisis de género, recogiendo diferentes testimonios de mujeres que nos han aportado su visión y han incorporado en la identificación esta mirada feminista como promotora de la salud en su entorno. Ellas hacen esta lectura de aquellos activos que les rodean y que, cuando les hemos preguntado, consideran que promueven la equidad de género:
“La asociación de vecinos y vecinas, donde van fundamentalmente mujeres mayores, ya que así tienen un espacio donde socializar”
“La escuela infantil, donde van madres jóvenes, porque ayuda a las que también trabajan fuera de casa a tener un espacio donde sus bebés puedan ser cuidados en caso de no contar con apoyo familiar”
“La asociación vecinal de la tercera edad en la que la participación es mayoritariamente de mujeres mayores de 60 años, ya que contribuye al bienestar mental, social y emocional de muchas mujeres que son amas de casa o jubiladas que cuentan con tiempo libre”.
“La escuela infantil proporciona a las madres trabajadoras un servicio donde pueden estar sus hijos/as cerca de casa sin tener que hacer grandes desplazamientos”.
“Considero que un activo para la salud especialmente de mujeres es que todas las farmacias y centros asistenciales están atentos a situaciones de vulnerabilidad o de violencia de género”.
“considero un activo para la salud la asociación de mujeres y las charlas feministas”.
Estos y otros testimonios de mujeres quedan recogidos en la sistematización de la experiencia práctica de mapeo de activos, y si realizamos un análisis de los mismos, observamos que la práctica totalidad de los mismos se conforman como activo que promueve la red de cuidados, la facilitación de políticas de conciliación personal y laboral, la generación de redes de apoyo y socialización, el empoderamiento, la protección y seguridad de las mujeres.
¡Seguimos!